«Ahora vivo en un albergue»

La vida de Iñaki dio la vuelta cuando se separó de su mujer hace cuatro años

ARANTXA ALDAZ/SAN SEBASTIÁN

«La vida te da la vuelta en un abrir y cerrar de ojos. Y pasas de vivir cómodamente a no tener nada, ni siquiera un hogar». Son palabras de Iñaki, un donostiarra de 45 años que oculta su verdadera identidad bajo un falso nombre. Prefiere «no dar pistas» y no salir retratado en este reportaje porque está a punto de firmar su divorcio, un proceso que dura ya casi cuatro años y que le ha dejado profundas secuelas psicológicas. Pese a todo, quiere contar su testimonio «para que sirva de ejemplo y las autoridades se enteren de cómo estamos los hombres separados». Su «pesadilla» comenzó en septiembre de 2002, cuando su mujer le pidió la separación después de siete años de matrimonio y ocho de noviazgo. Entonces ambos compartían un piso en Donostia y, lo que es más importante, un hijo de corta edad. «Se veía venir», dice Iñaki. «Mis hermanas me avisaron, pero fue demasiado tarde. Me veían muy enamorado y no querían meterse en mi vida».

La falta de comunicación entre la pareja, y especialmente, los problemas económicos que atravesaban fueron el detonante de la separación. Las disputas para repartirse los bienes comenzaron enseguida. «Toda la culpa la ha tenido el maldito dinero. Mientras la economía funcionó bien, en casa teníamos de todo. También amor», dice el donostiarra.

Sin embargo, su historia se empezó a torcer cuando el negocio que regentaba en la capital guipuzcoana cayó en picado. «Tuve que cerrar la tienda y como el solvente en la pareja era yo, luego llegaron los problemas».

La custodia del hijo

«Mis ex suegros se instalaron pronto en casa para hacerme la vida imposible -continúa Iñaki-. La familia de mi ex mujer se portó horriblemente mal hasta niveles inconfesables, incluso delante de mi hijo. El piso era mío. Yo lo había pagado casi íntegramente, pero querían que me fuese para alegar abandono de hogar. Ella consiguió la custodia del niño y también se quedó con el piso». Iñaki subraya que en el 98% de los procesos de separación la custodia de los hijos recae en manos de la madre, una situación que cree «poco ajustada a la realidad». Reivindica la custodia compartida, porque «el hijo, bajo ningún concepto, debe sufrir nunca la ruptura matrimonial, y tampoco puede ser moneda de cambio. Se le debe dar cariño por las dos partes. Padre y madre tienen que ser capaces de llegar a un entendimiento», sentencia.

De la noche a la mañana Iñaki se vio en la calle. «Todo cambió. Perdí las amistades, la casa y el trabajo. Muchos separados se refugian en casa de sus padres, pero yo soy huérfano. Me vi completamente solo». Durante un mes durmió en casa de unos amigos, luego pasó tres meses en otro domicilio y un año más compartiendo casa. Ahora vive en un albergue de San Sebastián. Su estancia sólo podrá alargarse durante tres semanas más. «Normas de la casa», dice Iñaki. Así que busca «desesperadamente» un piso para compartir y donde poder estar con su hijo al que no ve desde hace meses. «Tengo su regalo de Reyes guardado para dárselo cuando le vea», se sincera Iñaki.

Tras meses de duros conflictos con su ex mujer, la vida de Iñaki volvió a dar un giro cuando recayó en la Asociación Guipuzcoana de Madres y Padres Separados (Agipase). «Ellos tienen la llave para solucionar cualquier separación. Para mí han sido como una familia. Me he encontrado solo en muchas ocasiones y gracias a ellos he podido salir adelante», confiesa Iñaki. Su futuro, dice, es ahora incierto. Al igual que en la vivienda, en el trabajo también le persigue la temporalidad. «Donostia me ha ayudado mucho, pero sigue siendo una ciudad cerrada para los jóvenes y para las personas sin recursos».

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