El aumento de los divorcios colapsa los dos puntos de encuentro con los hijos de Álava

El secuestro de un niño de dos años en un punto de encuentro de Bilbao, por parte del padre, ha puesto de actualidad un servicio social que también existe en Álava, desde hace ya más de dos décadas, para que algunos progenitores puedan ver a sus hijos. Estas visitas en un espacio físico ajeno a las partes tienen siempre como telón de fondo un gran problema.

En algunos casos, son matrimonios quienes acuden a estos centros a reencontrarse con sus vástagos, después de perder su custodia por no poder atenderles. En otros, los usuarios son hombres con una orden judicial de alejamiento de su ex mujer. No faltan padres que recurren a esta fórmula, también tras una orden judicial, ante el incumplimiento del régimen de visitas por parte de su ex mujer. En muchas ocasiones, la propia pareja separada elige un punto neutral de entrega y recogida de los hijos para no verse las caras tras una separación nada amistosa.

El constante aumento de los divorcios, en especial de los conflictivos, ha colapsado los dos centros de visitas que existen en la provincia. Ambos están ubicados en Vitoria, uno depende del Ayuntamiento y el otro, de la Diputación. «Están saturados», confirma Isabel Palacios, vicepresidenta de la asociación de Madres y Padres Separados de Álava (Amapase).

La denuncia de esta abogada y mediadora coincide con los datos que ofrecen las instituciones. La ocupación de las dos salas de que dispone el centro municipal es del 100%. Atiende en estos momentos a 34 familias y a 42 niños.

Un reciente balance pone de relieve que el número de menores asistidos ha crecido un 190% de 2001 a 2006. Por ello, el Consistorio proyecta habilitar una tercera sala cuando traslade el servicio a la fallida cafetería de Renfe.

El centro foral -que gestiona la propia Amapase- también ha visto cómo se disparaba la demanda. Hasta el 31 de octubre, ha servido de punto encuentro de 61 niños de 42 familias con sus padres. En 2005, por las mismas fechas, la cifra no pasaba de las 28 familias.

«El día en el que los padres y los madres se respeten, aunque se divorcien, sobrarán estos centros. Mientras tanto son necesarios y se precisan más, lo mismo que hay que abrir un segundo Juzgado de Familia», resalta Palacios.

La jefa del servicio de Infancia y Familia del Ayuntamiento de Vitoria, Boni Cantero, también atribuye al incremento de los divorcios traumáticos para explicar el aumento. «Antes, muchos niños se encontraban con sus padres en casa de éstos, de los abuelos o de los tíos. Los familiares se implicaban más. Ahora se mantienen al margen porque hay más divorcios difíciles y temen que les sapilque».

De seis a doce meses

Cantero resalta la labor educadora de unos centros que disponen de personal especializado que interviene para evitar el ’síndrome de alineación parental’, que es como denominan los expertos a la presión que ejerce un progenitor sobre un hijo para que rompa el vínculo con el otro. «La separación ya es dura para un niño, como para que, encima, se le atormente», enfatiza Cantero. La edad de los menores que van a estos espacios va de los 3 a los 10 años.

Cuando las relaciones se normalizan, es decir cuando las partes cumplen las sentencias de separación o recuperan la relación perdida, las visitas tienen lugar en el ámbito familiar. Este proceso lleva su tiempo. «Si todo va bien, entre seis meses y un año».

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