Adelantadas a su tiempo

Existen miles de historias parecidas a las suyas, pero Mari Carmen e Isabel tienen el valor de hacerlas públicas. Ellas sobrevivieron a un divorcio y hoy en día se sienten felices, completas y satisfechas de sus logros

Mari Carmen e Isabel se adelantaron a su tiempo. Cuando los vitorianos todavía torcían el gesto al oír hablar de separación o de divorcio, ambas decidieron echarse la familia a la espalda tras un matrimonio roto y sacaron a sus hijos adelante, no sin numerosos sacrificios. Integradas en la Asociación de Madres y Padres Separados, Amapase, las dos comparten un gran optimismo y enormes ganas de vivir, elementos indispensables para sobrevivir al frente de lo que técnicamente se conoce como “unidad convivencial”, aunque reconocen que sus principales preocupaciones son sus hijos y la economía familiar, un escollo cada vez más escarpado.

Mari Carmen tiene 45 años y reside junto a sus dos hijos mayores de edad en Arana. Trabaja como empleada en un comercio y aunque en ocasiones se le hace muy cuesta arriba compaginar su trabajo con la atención a su familia, se confiesa “afortunada” de contar con un puesto estable. Los hijos aportan lo que pueden a la economía familiar, aunque actualmente ambos se encuentran en paro, lo que da lugar a escenas de tensión cuando llega el fin de mes. “Sientes angustia, ansiedad, preocupación… Ves que no te alcanza el dinero y que, a pesar de no permitirte caprichos, no llegas. Menos mal que al final levantas la cabeza y sales adelante, aunque hay veces que no sabes ni cómo”, asegura.

La precariedad laboral repercute negativamente en la situación familiar de Mari Carmen, ya que muchos de los contratos que obtienen sus hijos se tramitan mes a mes a través de ETT, pero existen problemas más acuciantes, como el de la vivienda. Actualmente, el núcleo familiar reside en el domicilio que ocupaba antes de la separación, pero el divorcio provocará su venta en breve, lo que abre una incógnita preocupante. “Como aún soy cotitular del piso no puedo apuntarme a Etxebide, pero dentro de poco se va a vender y todavía no sé ni dónde ni cómo vamos a vivir”, se pregunta. Además, lamenta que la Administración reclame tantos requisitos para acceder a los sorteos. “Te piden una nómina, unos mínimos… creo que la situación de cada familia es diferente y que deberían atender cada necesidad de forma personalizada”, medita.

Isabel, de 49 años, no sufre este problema. Vive con sus tres hijos en una VPO de Lakua y sonríe al pensar en las vistas al Gorbea que cada mañana disfruta desde su cocina. Sin embargo, comparte con Mari Carmen la preocupación por la economía, un problema que todos los meses le obliga a realizar “malabarismos” con el sueldo.

Isabel se halla al frente de su familia desde hace dos décadas. Dejó su ciudad, Tarragona, para pedir ayuda a su familia, afincada en Cuenca. Trabajó en Valencia durante algún tiempo y poco a poco fue cumplimentando los trámites de su divorcio. Un buen día, hace ya 17 años, un familiar le propuso mudarse a Vitoria. “Vine para conocer la ciudad y me encantó”, recuerda.

Se empadronó y contactó con una asistenta social que le prestó su apoyo. Pasó el tiempo, alquiló un piso y fue trasladando poco a poco a los miembros de la familia para que se fuera aclimatando al nuevo entorno. Buscó trabajo en una empresa de limpieza, acudió a charlas y cursos y se apuntó a las listas de Etxebide para acceder a un piso en Arana. “Al final me lo dieron en Lakua, que entonces parecía estar en el fin del mundo, pero hoy no lo cambiaría por nada”. Ahora, después de que la hipoteca le haya subido 150 euros en dos años y con varios plazos de los muebles aún pendientes de pago, su principal preocupación es la economía.

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