Los alaveses se divorcian más

869 parejas de la provincia rompieron su matrimonio durante el último año, un 11% más que el anterior

Esperar a que la muerte les separe es un plazo demasiado largo para muchos matrimonios alaveses. En concreto, durante el último año 869 parejas han pasado por los juzgados para romper ese vínculo y poner tierra de por medio. Lo curioso del asunto es que la cifra supone un 11,6% más que en 2006, la mayor subida de los tres territorios vascos. Porque en el conjunto de la comunidad autónoma hubo 5.662 separaciones y divorcios, sólo un 2,9% más que el ejercicio anterior.

Los datos fueron hechos públicos ayer por Kidetza (la Federación de Euskadi de Madres y Padres Separados) y por su ’sucursal’ alavesa, Amapase, y proceden de las estadísticas del Consejo General del Poder Judicial, según explicó el presidente en la provincia, Pedro Cruz. En las cifras se incluyen tanto divorcios como separaciones, aunque estas últimas sólo suponen un 7% del total de las rupturas. Ocurre desde la entrada en vigor del ‘divorcio express’ que, tras una reforma en el Código Civil en 2005, suprime la obligatoriedad de una separación como paso previo a la ruptura definitiva.
Lo que no tienen claro en Amapase es el motivo por el que, durante el último año, las rupturas matrimoniales han crecido más en Álava que en el resto del País Vasco. «Hay años en los que ocurre esto, dientes de sierra en los que influyen muchas cosas», reconoce Pedro Cruz. Por supuesto, al auge han contribuido las facilidades que da la ley desde 2005, y que «las jóvenes parejas optan cada vez más por el divorcio; si las cosas van mal, lo tienen mucho más claro a la hora de romper».
En la mayoría de los casos (el 60,6%, que corresponde a 527 matrimonios), esta ruptura es consensuada, amistosa. Sin embargo, 342 parejas (el 39,4%) han acudido a contenciosos para formalizar el fin de su vida en común. Según el estudio de Kidetza, «suben los contenciosos en los tres territorios históricos», aunque levemente. Los guipuzcoanos parecen ser los más civilizados a la hora de romper su matrimonio, ya que lo hacen por la vía contenciosa sólo el 30%. En Vizcaya el porcentaje sube al 38,8% y en Álava asciende hasta el mencionado 39,4%.
Estas inamistosas rupturas tienen su explicación en que la mayoría de las parejas que deciden acabar con su convivencia están entre los 40 y los 50 años, seguidas de quienes andan por la treintena. Y en estos supuestos el motivo de las desavenencias suele ser «la guarda y custodia de los hijos menores de edad», unida a las cargas económicas, sobre todo, de la hipoteca.
Denuncias falsas
Además, Kidetza revela una realidad que suena desde hace tiempo pero sobre la que no se incide por lo delicado del asunto: cada vez con más frecuencia «se utiliza la ley de violencia de género para conseguir beneficios en la separación o el divorcio» mediante la interposición de «denuncias de maltrato que no son ciertas, sino interesadas». Y, en este contexto, también aumentan «los casos de utilización y manipulación de los menores».
Para atajar estas perversiones, la asociación prevé presentar una serie de propuestas que van desde la elaboración de un código de familia autonómico hasta modificaciones en la ley de violencia de género para rescatar la «presunción de inocencia» y animar la «investigación de oficio de las denuncias falsas».

Uno de cada tres divorcios se produce después de vacaciones

Una de cada tres divorcios se produce en septiembre, después de las vacaciones de verano. Algunos expertos, fundamentalmente juristas, atribuyen esta circunstancia al hecho de que los juzgados cierren el mes de agosto, pero muchos otros no comparten esta teoría, especialmente los psiquiatras y psicólogos. ¿Un solo mes sin servicio es capaz de acumular un tercio de las rupturas de todo el año? Los especialistas en conducta humana tienen otra teoría menos compleja.
La rutina diaria, el trabajo, la casa, la atención de los niños si los hay, ayudan a muchas parejas a ir arrastrando los problemas sin que estallen durante todo el año. Cuando la convivencia se hace más estrecha, cuando las vacaciones obligan a permanecer juntos durante semanas sin posibilidad de escapatoria, las tensiones ocultas afloran y la situación revienta. «La rutina nos sirve para no pensar, para no enfrentarnos a las cuestiones que nos abruman», aclara el jefe de Psiquiatría del hospital de Cruces, Iñaki Eguíluz.
El acúmulo de divorcios que se produce tras el verano será una de las cuestiones que se analicen en la jornada de mañana, de Encuentros con la Salud de El CORREO. La ruptura de la rutina puede llegar a desestabilizar de tal modo a las personas más vulnerables a los cambios que llegan a sufrir estados de ansiedad, fobias y depresiones. «Cada día es más frecuente. Hay gente que llega el viernes, se encuentra con su soledad, sus dificultades, consigo mismo; y se agobia una barbaridad. Están deseando que llegue el lunes para volver al trabajo y que todo regrese a la normalidad», asegura.
A lo largo del año, la vida gira en torno al trabajo y las obligaciones diarias. Los horarios se organizan en función de ambas circunstancias, «no siempre en relación a la familia o la pareja de uno». Si uno tiene especiales dificultades para enfrentarse a la soledad y a los cambios, el terreno queda abonado para que estalle el conflicto.
El final del verano, como las navidades, es un momento clave, uno de esos en que las personas, cada vez más, tienden a hacer balance de la situación, a cerrar capítulos de la vida y a abrir otros nuevos. «Por eso, la aparición de un conflicto en una pareja no demasiado estable y en un momento como las vacaciones, en el que todo se tiende a magnificar, puede acabar en ruptura».
09.06.08 – F. APEZTEGUIA BILBAO (EL CORREO DIGITAL)