Uno de cada tres divorcios se produce después de vacaciones
Junio 11th, 2008
Una de cada tres divorcios se produce en septiembre, después de las vacaciones de verano. Algunos expertos, fundamentalmente juristas, atribuyen esta circunstancia al hecho de que los juzgados cierren el mes de agosto, pero muchos otros no comparten esta teoría, especialmente los psiquiatras y psicólogos. ¿Un solo mes sin servicio es capaz de acumular un tercio de las rupturas de todo el año? Los especialistas en conducta humana tienen otra teoría menos compleja.
La rutina diaria, el trabajo, la casa, la atención de los niños si los hay, ayudan a muchas parejas a ir arrastrando los problemas sin que estallen durante todo el año. Cuando la convivencia se hace más estrecha, cuando las vacaciones obligan a permanecer juntos durante semanas sin posibilidad de escapatoria, las tensiones ocultas afloran y la situación revienta. «La rutina nos sirve para no pensar, para no enfrentarnos a las cuestiones que nos abruman», aclara el jefe de Psiquiatría del hospital de Cruces, Iñaki Eguíluz.
El acúmulo de divorcios que se produce tras el verano será una de las cuestiones que se analicen en la jornada de mañana, de Encuentros con la Salud de El CORREO. La ruptura de la rutina puede llegar a desestabilizar de tal modo a las personas más vulnerables a los cambios que llegan a sufrir estados de ansiedad, fobias y depresiones. «Cada día es más frecuente. Hay gente que llega el viernes, se encuentra con su soledad, sus dificultades, consigo mismo; y se agobia una barbaridad. Están deseando que llegue el lunes para volver al trabajo y que todo regrese a la normalidad», asegura.
A lo largo del año, la vida gira en torno al trabajo y las obligaciones diarias. Los horarios se organizan en función de ambas circunstancias, «no siempre en relación a la familia o la pareja de uno». Si uno tiene especiales dificultades para enfrentarse a la soledad y a los cambios, el terreno queda abonado para que estalle el conflicto.
El final del verano, como las navidades, es un momento clave, uno de esos en que las personas, cada vez más, tienden a hacer balance de la situación, a cerrar capítulos de la vida y a abrir otros nuevos. «Por eso, la aparición de un conflicto en una pareja no demasiado estable y en un momento como las vacaciones, en el que todo se tiende a magnificar, puede acabar en ruptura».
09.06.08 - F. APEZTEGUIA BILBAO (EL CORREO DIGITAL)
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