La presión psicológica como arma contra el otro cónyuge

 el síndrome de alienación parental genera rechazo en el niño hacia el progenitor que no convive con él

vitoria. En 1985, el psiquiatra estadounidense Richard Gardner identificó el Síndrome de Alienación Parental (SAP) que, según el psicólogo clínico José Manuel Aguilar, se da en un tercio de las separaciones contenciosas. Tan científica denominación hace referencia a algo tan sencillo como común, la manipulación del menor por parte de uno de los progenitores para generar un sentimiento de rechazo hacia la otra parte, generalmente la que se ha quedado sin la custodia de los pequeños.

Aunque hay colectivos feministas que rechazan la existencia de este fenómeno, y achacan la resistencia del menor a pasar tiempo con el progenitor con el que habitualmente no convive a posibles malos tratos o negligencias (lógicamente hay casos en los que así es), hay un consenso bastante amplio sobre este síndrome.

Para la Plataforma por la Custodia Compartida, la presencia del SAP no es tanto culpa del progenitor encargado de cuidar de forma permanente de la niña o el niño como de los jueces, que “conculcan un derecho” al ser responsables de la alienación del niño con sus decisiones. “Esto explica -se añade desde la asociación- que difícilmente los jueces condenen a alguien por el concepto de alienación parental”.

Este síndrome se da cuando el custodio denigra y desprecia continuamente a su ex pareja ante sus hijos, de tal forma que los niños acaban por no desear estar con él o ella. El rechazo se puede prolongar durante años.

Si se tiene en cuenta la opinión del menor a la hora de decidir con quién ha de estar o cuántas horas ha de pasar con cada progenitor, tras una temporada en la que ha vivido sólo con uno de ellos, el difamador habrá ganado la batalla.

Según Àssun Pérez Aicart, “hay que hablar de este tema por la tele, de las madres que le calientan la cabeza a los hijos, porque el SAP existe. Debería estar muy mal visto socialmente y el Gobierno debería hacer campañas al respecto. Hace muy poco, los maltratos entre los matrimonios eran algo muy familiar y oculto. Hoy estamos muy concienciados”.

La portavoz feminista afirma que evidentemente la violencia de género existe, pero que la imagen que se está dando del Estado en torno a este tema no es real, y se aprovecha para abusar de la Ley. “Yo he estado hace poco con el Defensor del Menor y lo tiene muy claro, pero no se hace nada”, afirma.

En Euskadi, sólo el 8,2% de las parejas con hijos que se separan o divorcian ha elegido el régimen de custodia compartida, frente a un 86,5% de los casos en los que la mujer se queda al cuidado de los hijos, y un 5,3% de varones que se quedan en casa con los niños. Las cifras de la custodia compartida son incluso inferiores a las del Estado, donde el 9,6% de estos traumáticos procesos acaban con una igualdad de responsabilidades por parte de ambos progenitores. >t.d.

Las trabas legales frenan la implantación de la custodia compartida en Euskadi

el acuerdo mutuo obligatorio bloquea su aplicación cuando la madre se opone

La Ley de Violencia de Género ha hecho aumentar las denuncias falsas para retirar la custodia a los padres

vitoria. Una separación es el fracaso de un proyecto de vida, un trauma que exige partir de cero a personas adultas cuyas vidas estaban encauzadas, y del que no es fácil salir indemne. Si además hay niños de por medio, se corre el riesgo de que éstos sean utilizados por una de las partes. La Ley del Divorcio del 10 de julio de 2005, sustituta de la primera legislación española al respecto -que se remontaba a los años ochenta- estableció la figura de la custodia compartida para evitar, en la medida de lo posible, que los menores perdieran la referencia de uno de sus progenitores.

Sin embargo, la entrada en vigor de esta solución por las buenas no acaba de arraigar, por varias razones. Muchas mujeres, a raíz del drama de la violencia de género, utilizan denuncias falsas para convertir al padre en presunto delincuente y apartarlo de los niños de forma cautelar, pues la Ley contra la Violencia de Género se lo permite. La Justicia lleva a ambos progenitores a intentar blindar sus derechos económicos y familiares y a entrar en una guerra con víctimas civiles de por medio que un pacto sensato podría evitar.

Así lo explica Àssun Pérez Aicart, presidenta de la Plataforma Feminista por la Custodia Compartida. “Sólo con una denuncia ya puedes apartar al padre de los niños. Hay una auténtica retahíla de denuncias falsas, es algo cotidiano. Yo tengo un montón de amigos inocentes que se han pasado un fin de semana en el calabozo. Hay un momento en que esto va a estallar, porque no se está haciendo nada”, afirma.

En la custodia monoparental, el que se marcha se convierte en sufragador de la manutención de sus hijos, pero deja de ser un referente a efectos reales, la figura desaparece para convertirse en visitante ocasional. Si no existe acuerdo, la custodia será para la madre en 8 de cada diez casos. “Vamos a tener una generación de niños súper mimados, manipulados por la madre y mimados por el padre, porque apenas los ve. Tenemos que inculcar a los niños desde pequeños que hombres y mujeres somos iguales. Ahora los hijos de padres separados perciben que el padre les ve un rato y que la madre se ocupa de a qué colegio va, de si hace la comunión o no, o de comprarles la ropa”, señala Pérez Aicart.

corresponsabilidad La situación se agrava también desde el punto de vista económico. El cónyuge que abandona el hogar ha de seguir pagando la hipoteca, además de la manutención de los hijos y un nuevo techo bajo el que cobijarse, o bien marcharse a casa de los padres.

La custodia compartida persigue que la responsabilidad en la manutención, el cuidado y educación de los hijos sean compartidas al 50%, de tal manera que el matrimonio no hunda con él a la familia, en la medida de lo posible, y que no se fomente la existencia de mantenedores y mantenidos. Esta circunstancia es más factible en parejas jóvenes, no tan encorsetadas por los viejos roles de cada sexo, y más proclives a divorciarse con una cierta naturalidad , pero en todo caso la figura no acaba de cuajar.

El cambio radical de la nueva legislación parte de la base del acuerdo mutuo, algo que antes no sucedía. “La mujer puede decir que no se lleva bien y ya está, tiene la última palabra por el simple hecho de ser mujer. Es como cuando no podíamos abrir una cuenta en el banco sin el permiso del hombre, ahora hemos hecho lo contrario”, señala Pérez Aicart. La portavoz feminista considera “patético que se hable tanto de feminismo y se hagan tantas leyes de paridad y de igualdad cuando en el Derecho de Familia seguimos diciendo que es la madre la que se tiene que quedar con los hijos”.

El gran error es considerar que “la mitad de esta sociedad está compuesta por maltratadores. El hombre no es malo por el hecho de ser hombre. ¡Cómo podemos legislar con ese tipo de ideas! Es absurdo y no es cierto”, afirma Pérez Aicart, para quien “cada vez hay más padres implicados en la educación de sus hijos. Antes los roles estaban ya definidos, la mujer se quedaba en casa y el hombre trabajaba, pero los hemos conseguido romper”.

Sin embargo, a juicio de esta hija de padres separados, existe un error de enfoque al reclamar la custodia compartida, pues sería más interesante poner de relieve las injusticias que supone la monoparental. “En la custodia monoparental hay muchos casos de abuso, el incumplimiento del régimen de visitas se da muchísimo y no se castiga, y la sociedad no lo ve como algo penalizable, cuando hay casos sangrantes”, explica la portavoz de la Plataforma, quien considera que la legislación trata a las mujeres como víctimas en lugar de fomentar que sean independientes, “que no dependan de una pensión”.

Pérez Aicart es muy crítica con “los colectivos feministas más conservadores, que tienen mucho poder y están en contra de la custodia compartida. Luego hay otro tipo de feministas -continúa-, para mí las de verdad, que están completamente a favor, es como si nos planteáramos si la mujer debe trabajar o no”.